Enseñanza Universitaria y Profesional

  • La realidad que atraviesan los profesores en los centros privados: salarios miserables y desvalorización caótica

    A nivel global, la educación es considerada un factor de producción, pues permite acabar de raíz con muchos de los problemas económicos de una nación y funge como instrumento regulador de las desigualdades sociales, es un derecho humano, un importante motor del desarrollo y uno de los instrumentos más eficaces para reducir la pobreza y mejorar la salud, y lograr la igualdad de género, la paz y la estabilidad. Cosas que no se pueden dar si los profesores no son bien remunerados.

    El docente es una persona organizada, con buena documentación, cuya comunicación provoca impacto positivo y convence. Además, es capaz de manejar recursos, técnicas y estrategias que logren transmitir el conocimiento y generar una experiencia de aprendizaje significativo, ¡Grande es su labor!

    Pues bien, aquí nos enfrentamos con el grave problema de los salarios en los centros privados de nuestra sociedad, y que podría ser una de las principales razones por las que, a día de hoy, hablar aquí de nivel intelectual, sonaría a tabú ¡Qué barbaridad!

    El salario medio de un profesor de secundaria en los países de Europa se sitúa entre 2.500 euros y 3.400 euros, que en francos CFA serían 1.750.000 y 2.380.000 brutos al mes, según indica el informe de Retribuciones docentes en la Enseñanza Pública 2023 publicado por UGT.

    Acercándonos a África y concretamente a uno de nuestros países vecinos, Gabón, el salario mínimo de un docente en un Centro Privado son 260,6 dólares que en francos CFA estarían entre los 175.000 a 180.000 en bruto ¡Salario mínimo!

    La mayoría de los Centros Privados de este país piden a los profesores una «educación de calidad» en el proceso de enseñanza-aprendizaje, que no es nada malo, pero lo malo es que se olvidan de  que en ningún lugar del mundo, un educador puede dedicarse completamente si no recibe una buena remuneración.

    Tal vez muchos estarán de acuerdo conmigo y otros no, pero creo firmemente que, si realmente el objetivo es lograr un cambio en nuestra sociedad, este es el momento de transformar las cosas y cada uno debería hacerlo desde su área de influencia. Los fundadores de cada centro privado deben saber cuál es el denominador común.

    Por ejemplo, José Juan Álvaro Jakobo es un docente del centro privado «Ochira Mongú», una escuela fundada en el año 2004, que ha operado sin interrupciones. Esta escuela se encuentra a 15 kilómetros del domicilio del docente. El currículum académico del profesor muestra que es licenciado en Ciencias de la Educación y posee otros certificados adicionales. Al profesor le corresponden 2 horas de clases diariamente y 6 horas a la semana en el centro. Esto equivale a 3.000 XAF, considerando que cada hora son 1.500 XAF. Sin embargo, únicamente gana 1.000 XAF diarios, ya que él mismo cubre el costo del transporte. Si no falta ningún día, su salario bruto sería de 36.000 XAF al mes, pero cualquier ausencia se le descontará.

    De los 36.000 XAF de su salario, si descontamos los 18.000 XAF de transporte, solo le quedan 12.000 XAF mensuales, aunque algunos meses recibe el pago tarde.

    Considerando que este docente tiene una esposa e hijos, alquila una vivienda y debe alimentarse, ¿cómo lo lograría? ¿Estará totalmente comprometido en el centro para proporcionar la «educación de calidad» que se requiere? ¿O buscará otros trabajos para llegar a fin de mes? ¿Qué está sucediendo aquí? ¿Es esto serio o una burla?

    Muchos profesores de los centros privados de este país seguramente se sentirán identificados con este ejemplo, porque es la realidad que viven muchos de ellos; algunos incluso son explotados.

    Ni siquiera en un país de la «Edad Media» se puede hablar de «educación de calidad» con estos altibajos. Creo que, hasta ahora, en algunos centros privados, incluso podría asegurar que en la mayoría no se está valorando a los educadores ni se les está proporcionando el trato que merecen.

    El docente es el pilar que determina el éxito o el fracaso del alumno, que de manera directa o indirecta podrá repercutir en un futuro cercano o lejano en el país. Si no se le reconoce como se debe, es muy probable que siempre tengamos «resultados desastrosos» en la selectividad.

    Es cierto que la educación requiere vocación, eso está claro, pero ¿qué bien haría dicha vocación si la acompañamos de una buena remuneración? La correcta compensación a un docente es la forma más válida de demostrar el amor que le tenemos a este país.

    Es momento de que el Ministerio de Trabajo, Fomento de Empleo y Seguridad Social, junto con el Ministerio de Educación, encuentren una solución a esta situación, porque las generaciones se están yendo y la educación está decayendo. Además, las empresas y entidades autónomas también pueden apoyar a los profesores si realmente queremos una «educación de calidad «.

     

     

     

     

     

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