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Un estudio reveló en EEUU que las parejas que gastan más en sus bodas tienen más probabilidad de divorciarse

‎Una boda suele ser presentada como uno de los días más felices e importantes de la vida. Vestidos, banquetes, flores, fotografías, música y grandes celebraciones forman parte de una industria que mueve millones y que ha convertido el matrimonio en un acontecimiento cada vez más costoso. Sin embargo, una investigación académica encontró una relación llamativa entre el dinero destinado a la boda y la duración posterior del matrimonio.

‎‎El estudio, realizado por los investigadores Andrew Francis-Tan y Hugo M. Mialon y publicado en Economic Inquiry en 2015, analizó datos de más de 3.000 personas casadas. Sus resultados señalaron que determinados niveles elevados de gasto en la boda estaban asociados con una mayor probabilidad de disolución matrimonial.

‎‎Uno de los datos que más llamó la atención fue que las mujeres cuyas bodas habían costado 20.000 dólares o más presentaban, dentro del modelo estadístico utilizado, un riesgo de divorcio considerablemente superior al de aquellas que habían gastado entre 5.000 y 10.000 dólares. El resultado, sin embargo, debe interpretarse con cautela: los investigadores encontraron una asociación, pero no demostraron que una boda cara sea la causa de un divorcio.

‎‎Una posible explicación está relacionada con las dificultades económicas. Una celebración costosa puede obligar a una pareja a asumir deudas justo al comienzo de su vida matrimonial. Esa presión financiera puede generar discusiones sobre gastos, ahorro y prioridades, especialmente cuando los ingresos no son suficientes para afrontar cómodamente las obligaciones adquiridas.

‎‎El estudio también encontró un resultado aparentemente contradictorio: las bodas con un mayor número de invitados estaban asociadas con una menor probabilidad de divorcio. Los investigadores plantearon que una posible explicación podría estar relacionada con el apoyo social que rodea a la pareja, aunque este resultado tampoco demuestra que invitar a más personas haga que un matrimonio sea más estable.

‎‎La investigación, por tanto, no permite afirmar que las bodas caras conduzcan inevitablemente al divorcio. Una pareja puede gastar mucho y tener un matrimonio sólido, mientras que otra puede celebrar una boda sencilla y terminar separándose. Existen numerosos factores económicos, personales y sociales que influyen en la estabilidad de una relación.

‎‎Lo que sí plantea el estudio es una reflexión sobre la presión de convertir la boda en una demostración de éxito y felicidad. El problema quizá no esté en cuánto cuesta celebrar el amor, sino en cuánto pesa esa celebración sobre la vida que comienza después.

‎‎Al final, la fiesta dura unas horas, las fotografías quedan como recuerdo y los invitados regresan a sus casas. Las consecuencias financieras, en cambio, pueden permanecer durante años. Y para una pareja que comienza una vida en común, quizá lo más importante no sea cuánto dinero puede gastar en un solo día, sino cuánto puede permitirse gastar sin poner en riesgo los proyectos que vendrán después.

Gaudencia Dekeno Tonka

Redactora de Ochiranoticias

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