Por: Roke Federico Mañana Bindang
La Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su artículo 19, establece un principio fundamental: “Toda persona tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestada a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas sin limitación por cualquier medio de expresión”.
Cada 3 de mayo, la comunidad internacional conmemora el Día Internacional de la Libertad de Prensa, proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1993, al entender y reconocer que una prensa libre, pluralista e independiente es un componente fundamental de toda democracia.
Sin duda, el Día de la Libertad de Expresión y de Prensa permite a todas las personas y profesionales de los medios reflexionar, reivindicar y reafirmar el compromiso colectivo de asegurar que los medios de comunicación puedan ejercer la actividad periodística con garantías plenas, con total libertad para investigar y publicar sus contenidos sin censura ni coacción política. Hoy no solo alzamos la voz en favor de una prensa libre e independiente, sino que también honramos el esfuerzo y la entrega de todos los actores sociales, políticos y profesionales de la comunicación que, día a día, trabajan por una prensa libre e independiente, pese a las hostilidades, desafíos y la falta de un marco jurídico actualizado que les ofrezca mayor seguridad y protección en el desempeño de la noble labor periodística.
La libertad de prensa en los países africanos sigue siendo uno de los mayores desafíos y se enfrenta a un declive muy alarmante, según los últimos informes publicados por Reporteros sin Fronteras (RSF). El control político de los medios, la censura, los asesinatos, las agresiones físicas y verbales y el acoso judicial contra periodistas son algunas de las prácticas comunes que utilizan algunos gobiernos para silenciar las denuncias y críticas de centenares de profesionales que luchan por los derechos humanos, la libertad y la construcción de una sociedad justa.
Ejercer el periodismo en las sociedades africanas sigue siendo muy peligroso: a muchos reporteros les ha costado la vida, y la impunidad persiste. La situación de la prensa no es fácil en África, pese a los esfuerzos de algunos organismos internacionales.
Desde mi experiencia y modesta reflexión como periodista, ejercer el periodismo en África puede describirse como un “campo de batalla” entre la búsqueda de la verdad y las múltiples amenazas que buscan silenciar o autocensurar sistemáticamente las voces de los profesionales de la información. En un Estado de derecho, no se puede hablar de democracia si la prensa no es libre e independiente. En un Estado verdaderamente libre, el pensamiento y la palabra lo son también.
La libertad de expresión y de prensa son esenciales para fortalecer la democracia y promover la diversidad de opiniones. El respeto a estas libertades, sin coacción ni temor político, es fundamental en una sociedad abierta y justa, en la que se puede acceder a la justicia social y disfrutar plenamente de los derechos humanos.
Sin la libertad de expresión, sin una prensa libre e independiente, sin diversidad de perspectivas ni debates, la democracia es solo una sombra o una cortina de humo de sí misma.