OPINIÓN

‎La generación que lee menos y desliza más

‎Por: ANA SALOMA MBANG EDÚ, estudiante finalista de Periodismo en la UNGE


‎Vivimos en una época en la que la tecnología ocupa un lugar central en nuestras vidas. Los teléfonos móviles y las redes sociales nos permiten comunicarnos, informarnos y entretenernos de manera inmediata. Sin embargo, esta comodidad tiene un costo que muchas veces pasa desapercibido: cada vez dedicamos menos tiempo a la lectura de libros.

‎‎Hoy es común ver a jóvenes y adultos pasar horas deslizando el dedo por la pantalla en busca de nuevas publicaciones, vídeos o noticias breves. Las redes sociales están diseñadas para captar nuestra atención de forma constante, ofreciendo contenidos rápidos y atractivos que generan satisfacción instantánea. Como consecuencia, actividades que requieren más tiempo y concentración, como la lectura, quedan relegadas a un segundo plano.

‎‎Bien sabemos que leer un libro exige paciencia, reflexión y esfuerzo intelectual. A diferencia de las redes sociales, donde la información aparece fragmentada y en pocos segundos, la lectura nos invita a profundizar en las ideas, desarrollar la imaginación y comprender mejor el mundo que nos rodea. Además, contribuye a enriquecer el vocabulario, mejorar la expresión escrita y fortalecer el pensamiento crítico.

‎‎No se trata de demonizar las redes sociales. Estas plataformas también pueden ser útiles para aprender, compartir conocimientos e incluso descubrir nuevas obras literarias. El verdadero problema surge cuando su uso se vuelve excesivo y termina ocupando gran parte de nuestro tiempo libre.

‎‎La generación actual tiene acceso a más información que ninguna otra en la historia, pero paradójicamente dedica menos tiempo a la lectura profunda. Si continuamos sustituyendo los libros por contenidos cada vez más breves y superficiales, corremos el riesgo de perder habilidades fundamentales para nuestro desarrollo personal y académico.

‎‎Las redes sociales son herramientas valiosas cuando se utilizan con moderación. Sin embargo, es necesario recuperar el hábito de la lectura y encontrar un equilibrio entre el mundo digital y los libros. Leer no solo nos informa; también nos ayuda a pensar, imaginar y crecer como personas. Una sociedad que lee es una sociedad más preparada para construir un futuro mejor


‎Por ello, es necesario recuperar el equilibrio. Las redes sociales pueden formar parte de nuestra vida cotidiana, pero no deberían sustituir a la lectura. En una época dominada por la velocidad y la inmediatez, abrir un libro sigue siendo un acto de resistencia intelectual. Porque una sociedad que lee no solo está mejor informada: también está mejor preparada para pensar por sí misma.

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