Las palabras del silencio La falta de empatía de muchos guineoecuatorianos en las redes sociales

Por: El Anciano
Aunque la edad se me ha venido encima para ciertas cuestiones profesionales, como escribir, vuelvo a poner toda mi energía para intentar conseguirlo en este artículo, cargado de muchas preguntas que quizá no tengan respuesta.
¿Qué le pasa al ciudadano guineoecuatoriano? ¿Hemos perdido sensibilidad por el mero hecho de utilizar las redes sociales? ¿Dónde está nuestro sentido de empatía hacia los demás cuando estos sufren? ¿Hay que utilizar el dolor ajeno para politizarlo? ¿Por qué nos inventamos mentiras e historias alrededor del sufrimiento de otras personas?
El país vive una situación muy difícil desde hace dos días. Nuestros hermanos, que viajaban en un helicóptero, llevan tiempo sin que se tenga noticia alguna de ellos. Por un momento, imaginemos que son nuestros hermanos, nuestros conocidos, hijos de otras familias, personas que servían a este país desde sus respectivos ámbitos de responsabilidad y que han sufrido este incidente que nos mantiene a todos en vilo mientras cumplían con sus funciones.
El Estado está haciendo todo lo posible para dar con su paradero. Mientras el Gobierno no se haya pronunciado oficialmente para ofrecer la información más reciente, podemos imaginar, por simple sentido de humanidad, la ansiedad, la angustia, la preocupación y la desesperación que sienten sus familiares, amigos y conocidos.
A pesar de tratarse de una situación difícil, que debería conmover nuestras conciencias, es precisamente en este tipo de escenarios cuando algunas personas utilizan las redes sociales para inventar historias. Muchos, sin disponer de información fiable, ya los dan por muertos y comparten fotografías en las redes acompañadas de la famosa expresión «RIP».
Ni siquiera se aseguran de que las fotografías difundidas correspondan realmente a nuestros hermanos, quienes aún están siendo objeto de búsqueda para intentar localizarlos.
Otros reenvían mensajes a grupos de WhatsApp y difunden todo tipo de afirmaciones incoherentes, utilizando el dolor ajeno para alimentar rumores.
Pongámonos en el lugar de sus familiares. ¿No querrían tenerlos de vuelta a casa? ¿No darían lo que fuera por recuperarlos con vida? ¿No necesitarían información veraz sobre su paradero?
Entonces, si nos tocara a nosotros vivir una situación semejante, ¿realmente nos gustaría que la gente hiciera tantos comentarios infundados?
Las típicas «hindobridades» de siempre: «se dice», «se comenta»…, sin ninguna base. Son esas especulaciones las que muchos prefieren difundir, en lugar de actuar con responsabilidad y esperar a que el Gobierno se pronuncie oficialmente. Porque, al final, algo se dirá.
Dios quiera que no perdamos la esperanza de que el milagro pueda producirse. Pero, mientras tanto, mostremos un poco de respeto hacia las familias que sufren y necesitan información verdadera sobre lo ocurrido. Mostremos respeto hacia quienes viven con ansiedad, incertidumbre y tristeza al mismo tiempo.
Y a quienes todo lo politizan, también les diría que, por un momento, podemos apartar nuestras diferencias ideológicas y centrarnos en lo que realmente importa: acompañar a las familias en estos momentos de desesperación.
Haciéndolo, somos más país y construimos un país mejor.
Dejemos de utilizar las redes sociales para difundir comentarios que carecen de información objetiva y veraz. Las conjeturas, los rumores y los «se dice» o «se comenta», sin pruebas irrefutables, deberían guardarse para otras ocasiones.
Recordemos otros incidentes ocurridos en diferentes partes del mundo que han sido especialmente dolorosos, como el caso del vuelo MH370 de Malaysia Airlines, cuya desaparición dio lugar a una búsqueda internacional con el objetivo de encontrar a las personas que viajaban a bordo.
Ante la noticia de que no se tienen datos sobre un helicóptero que realizaba una ruta habitual y que ha dejado de emitir señales, creo que lo primero que debemos hacer es unirnos. Quienes puedan orar, que lo hagan. Quienes puedan contribuir de otra manera positiva, que también lo hagan. Porque son nuestros hermanos.
Todo lo que no sea respetar este momento, sinceramente, no debería venir a cuento. Y si alguien no conoce los hechos o no dispone de información contrastada, es preferible que se abstenga de hacer comentarios sin sentido en las redes sociales.



