¿Pérdida o ganancia?: la incertidumbre de los proyectos de estudiantes de la UNGE tras la semana científica

Por: Silvestre DOS SANTOS OKOMO, estudiante finalista de periodismo
La Semana Científica de la Universidad Nacional de Guinea Ecuatorial (UNGE) vuelve a poner sobre la mesa una cuestión que rara vez ocupa los titulares una vez concluidos los actos académicos: ¿qué ocurre con los proyectos de los estudiantes después de ser presentados al público?
El caso de Trifonio NVÉ MICHÁ, estudiante finalista de Ingeniería Agroalimentaria, sirve para abrir este debate. Su proyecto consistió en una bebida elaborada a base de arroz, una propuesta que, según explica, nació porque «teníamos que diseñar un producto ejemplar que el profe tenía que aprobar». Pero había otro elemento que lo hacía diferente: «una bebida hecha a base de arroz nunca se ha dado en nuestro país».

El producto, una horchata de arroz con posibilidades de incorporar sabores como piña, naranja o uva, fue bien recibido por quienes tuvieron la oportunidad de probarlo. El propio estudiante reconoce que al principio tenía dudas sobre la aceptación de su propuesta. «Yo mismo no estaba seguro, pero di una muestra a alguna gente y les gustó, por eso me animé a presentarlo».
Cabe señalar que el producto horchata de arroz, fue uno de los primeros en acabar debido a la curiosidad que tenia la gente de ello.
Sin embargo, la historia cambia cuando se analiza qué ocurrió después de la exposición. A la pregunta sobre si recibió financiación o apoyo económico tras presentar el producto, la respuesta fue contundente: «No, no tuve ninguna financiación ni ayuda económica». Según relata, la única repercusión fue que «publicaron mi producto en un medio de comunicación» y que una mujer les brindó «una plataforma para exponer nuestros productos», aunque añade que dicha iniciativa «tampoco nos ha ayudado en nada».
Más preocupante resulta la valoración que hace sobre el balance económico de la experiencia. «De momento sólo tenemos pérdidas de la inversión que hicimos para llevar a cabo nuestro producto», afirma. Una declaración que invita a reflexionar sobre el coste que muchos estudiantes asumen para desarrollar proyectos innovadores sin la garantía de recibir algún tipo de respaldo posterior.
La situación plantea una contradicción evidente. Por un lado, se anima a los estudiantes a investigar, crear y buscar soluciones innovadoras. Por otro, muchos de esos proyectos parecen quedarse estancados una vez terminan las exposiciones. Si la finalidad de una Semana Científica es promover la innovación y el emprendimiento, resulta legítimo preguntarse si exponer los proyectos es suficiente.
Más allá de la universidad, también surge el interrogante sobre el papel de las instituciones y del sector privado. En un contexto donde se habla con frecuencia de emprendimiento juvenil y de la necesidad de diversificar la economía nacional, cabría esperar una mayor conexión entre los creadores de proyectos y quienes tienen capacidad para financiarlos o impulsarlos.
A pesar de las dificultades, Trifonio no ha renunciado a su idea. Explica que «muchos ya me plantearon llevarlo a cabo, pero sin fondos es imposible». No obstante, mantiene cierta esperanza gracias a contactos establecidos durante la presentación. «Tengo contacto de la gente de PNUD que me dijeron que si tuvieran un evento me pedirán hacer una cantidad», señala.
Su testimonio refleja una realidad que probablemente comparten muchos jóvenes universitarios: poseen ideas, conocimientos y ganas de emprender, pero carecen de los recursos necesarios para transformar sus proyectos en iniciativas sostenibles.
La cuestión de fondo no es únicamente qué ocurrirá con la horchata de arroz del joven NVÉ MICHÁ. La pregunta más importante es qué mensaje reciben las futuras generaciones cuando observan que quienes innovaron antes que ellos terminan afirmando que sólo han obtenido «pérdidas de la inversión» realizada.
Porque ningún país puede aspirar a construir una cultura de innovación si el entusiasmo de sus jóvenes termina chocando siempre contra la misma barrera: la falta de oportunidades para convertir las ideas en realidad.
La Semana Científica cumple una función importante al visibilizar el talento universitario. Pero el verdadero desafío comienza cuando cae la tarde en el Campus Central de la UNGE y se dan cuenta que es el ultimo día de la semana científica y los estudiantes regresan a casa con una pregunta que sigue sin respuesta: ¿quién apoyará los proyectos después de la exposición?




